Había una vez un molinero que tenía un asno muy viejo. El asno llevaba muchos años cargando sacos de casa al molino y del molino a casa.
-El asno ya está muy viejo -le dijo el molinero a su mujer-. Cada vez está más débil y me resulta menos útil.
-Debes deshacerte de él -le aconsejó su esposa.
-Tienes razón... -dijo el molinero-. Es lo que haré.
El asno, que había escuchado toda la conversación a través de la ventana, sintió que sus días estaban contados.
-Ahora mismo me iré de aquí -rebuznó el asno-. Pero, ¿dónde puedo ir?
Un pajarito que pasaba volando, y oyó lo que el asno acaba de rebuznar, le pió:
-Vete a Bremen... Allí son todos músicos, y tú también podrás serlo... ¿Por qué no?
El asno, decidido a emprender una nueva vida, salió al camino y se puso en marcha. A poco de echar a andar, se encontró con un oerro de caza que pasaba a su lado muy deprisa.
-¿Por qué corres tanto? -le preguntó el asno.
-Soy muy viejo -ladró el perro-, y ya no le sirvo a mi amo... He oído que piensa deshacerse de mí.
-Vente conmigo a Bremen -rebuznó el asno- y hacte músico, como pienso hacer yo. Tú puedes tocar el laúd, y yo el bombo.
El perro, que no sabía dónde ir, siguió al asno.
A poco de andar juntos, el asno y el perro de cruzaron con un gato bastante maltrecho.
-¿Qué te ocurre? -le preguntaron-. Tienes mala cara...
-Soy muy viejo -maulló el gato-, y ya no le sirvo a mi amo ni para cazar ratones... Acabo de oír que quiere deshacerse de mí...
-Vente con nosotros -le dijeron el asno y el perro.
-¿Dónde? -preguntó el gato.
-A Bremen -le respondieron-. Allí podrás tocar la flauta y ser músico, como nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario